¡Qué pasada! ¡Tenéis que ir!
Todavía sonreímos cuando recordamos las palabras de Carlos tras su primer curso de cata. Fue un regalo de Roberto y el resultado no pudo ser más acertado. Carlos vino encantado y contando maravillas de un tocayo suyo, de profesión enólogo, que le enseñó a disfrutar, si cabe, aun más del vino.
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